Trastorno por aversión al sexo

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El trastorno por aversión al sexo, denominado también rechazo sexual, es debido a un miedo intenso e irracional hacia la actividad sexual. El individuo que lo padece evita de forma activa todas o casi todas las conductas sexuales con la pareja. Este trastorno puede considerarse como un trastorno grave del deseo sexual. El tratamiento es psicológico conductual, y se realiza mediante un programa de contacto sistemático y progresivo con la situación aversiva.

¿Es muy frecuente?

Se desconoce su frecuencia en la población general dado que no existen datos epidemiológicos claros al respecto, pero parece ser poco frecuente y aparece más en el sexo femenino. Aproximadamente, representa el 4,5% de los casos que se consultan al médico a causa de una disfunción sexual.

¿En que consiste el trastorno por aversión al sexo?

Según el sistema de clasificación de los trastornos mentales (DSM–IV), la característica principal de este trastorno es la repulsión y la evitación activa del contacto sexual genital con la pareja, de forma persistente en el tiempo. La persona que sufre este trastorno rechaza cualquier aproximación a su pareja, desencadenando un malestar psíquico que acaba generando dificultades en las relaciones interpersonales. Se trata de una de las disfunciones sexuales en la que los sistemas de clasificación habituales de los trastornos mentales difieren más. Según el CIE-10 (otro sistema de clasificación de los trastornos mentales), a este trastorno se le denomina rechazo sexual e incluye en su definición la ausencia de placer sexual.
La aversión sexual es una conducta persistente de miedo, asco, repulsión, disgusto y ansiedad delante de cualquier conducta sexual y, en ocasiones, ante el solo pensamiento de ésta. En general, la aversión al contacto genital se centra en algún aspecto particular del sexo (por ejemplo, secreciones genitales, penetración vaginal). Algunos individuos muestran repulsión por todos los estímulos de tipo sexual (incluso los más superficiales, como los besos y las caricias corporales). La intensidad de la reacción del individuo frente al estímulo aversivo puede ir desde una ansiedad moderada y una ausencia de placer, hasta un malestar psicológico extremo. Son personas con tendencia a las fobias o miedos irracionales y a la ansiedad generalizada; por ello es importante realizar un diagnóstico diferencial entre lo que es una fobia sexual o una aversión al sexo. En la fobia sexual el rasgo esencial es el miedo irracional persistente y el deseo impulsivo de evitar conductas o emociones sexuales; el propio individuo que la padece reconoce la desproporción de su miedo en relación al riesgo que conlleva la situación (la evitación fóbica provoca un malestar significativo y puede disminuir la capacidad de la persona para vivir con normalidad). En cambio, la aversión al sexo se diferencia de la fobia porque está asociada a emociones que no son el miedo, y además están provocadas por estímulos diferentes. A pesar de estas diferencias, su distinción es muy difícil y los sistemas de clasificación de las enfermedades mentales las exponen como una misma entidad.
El componente central de la aversión al sexo es la ansiedad, en diversos grados. Existen personas con formas graves del trastorno que, ante una situación de tipo sexual, sufren crisis de angustia, con ansiedad extrema, terror, desmayos, palpitaciones, náuseas, mareos y sensación de ahogo. Estas personas pueden intentar evitar dichas situaciones con algunas estrategias, como acostarse pronto, viajar en exceso, descuidar el aspecto personal, abusar del consumo de determinadas sustancias, o ocupar demasiado el tiempo.
El trastorno por aversión al sexo puede clasificarse en diferentes tipos, según sea la edad de inicio (de toda la vida o adquirido), según el contexto (rechazo sexual general o situacional) o según su etiología (factores psicológicos o combinados).

Las personas que lo padecen, ¿presentan problemas de erección y en el orgasmo?

Las personas que presentan esta disfunción mantienen intacta su respuesta sexual; en el caso del hombre, la erección y la capacidad de eyacular, y en la mujer, la capacidad de llegar al orgasmo.

¿Cuáles son las causas de la aversión al sexo?

Las causas pueden ser diversas. La más sólida es la teoría del aprendizaje de adquisición de fobias. En pacientes con trastorno de angustia, la causa de la fobia sexual podría ser la inquietud ante la posibilidad de presentar una crisis de ansiedad durante las conductas sexuales.
En todas las disfunciones sexuales hay factores psicológicos comunes que predisponen, precipitan o mantienen dicha disfunción. A continuación, se enumeran algunos de ellos:

  • Factores predisponentes: educación moral y religiosa estricta, relaciones deterioradas con los padres, información sexual inadecuada, experiencias sexuales traumáticas en la infancia (violación,  maltrato, incesto)  e inseguridad.
  • Factores precipitantes: experiencias sexuales traumáticas (muy frecuentes en la aversión al sexo), disfunción sexual previa (dispareunia en el caso de la aversión al sexo), problemas de pareja, infidelidad, expectativas irreales, reacción a algún trastorno orgánico subyacente, edad y cambios hormonales, enfermedades psiquiátricas (depresión,  ansiedad) y aborto.
  • Factores que mantienen la disfunción: ansiedad ante la interacción sexual, anticipación de fallo o fracaso, culpabilidad, falta de atracción y comunicación entre la pareja, miedo a la intimidad, deficiente autoestima, escasez de estímulos eróticos, escaso tiempo en los juegos preliminares, y trastornos mentales.

¿Existe tratamiento para este trastorno?

El profesional debe evaluar:

  • las expectativas del paciente respecto al tratamiento;
  • la conciencia del problema;
  • la motivación para superar el problema (que indica un buen pronóstico).

El tratamiento puede ser:

  1. Tratamiento conductual: programa de contacto sistemático con la situación aversiva. Se trata de una desensibilización sistemática imaginada o in vivo: ejercicios de focalización sensorial en los que el paciente se enfrenta progresivamente a la situación que le provoca miedo, en un entorno placentero y sin exigencias, para inhibir la respuesta ansiosa aprendida. En ocasiones se recomienda el uso de un ansiolítico (benzodiacepinas).
  2. Técnicas de reestructuración cognitiva para reinterpretar positivamente las cogniciones disfuncionales asociadas al problema del paciente.

Bibliografia:

  • Farré Martí JM (coord.) y cols. en Soler Insa PA y Gascón J. Disfunción sexual no orgánica. RTM-III, Recomendaciones terapéuticas en los trastornos mentales. Ars Medica. 3ª ed., 2005.
  • Farré Martí JM, Lasheras Pérez G, en  Barcia Salorio D. Disfunciones sexuales de origen no orgánico. Trastornos femeninos. Tratado de psiquiatría. Arán, 1ª ed., 2000.
  • American Psychiatric Association. DSM-IV-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson, S.A, 2002.
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